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La seguridad en el universo del ‘ecommerce’ no es un tema novedoso. De hecho, el principal motivo por el que el comercio electrónico ha conseguido derribar las barreras que le cercaban y asentarse como método de compra, en mayor o menor medida, de cada vez más personas fue el de la implantación de medidas de protección de los datos aportados como, por ejemplo, las políticas de privacidad y las pasarelas de pago seguro.

Sin embargo, que las cifras demuestren que el crecimiento del comercio online en todo el mundo es imparable no quiere decir que esta no siga siendo una de las principales preocupaciones de los responsables de negocios que operan a través de Internet. Hasta es posible decir que, en estos momentos, es una auténtica obsesión. Y es que, todo aquel que no genera confianza entre los usuarios está abocado al fracaso.

El ejemplo de Facebook

Para darte cuenta de la importancia de la seguridad en el ‘ecommerce’ y de por qué las empresas gastan tanto en garantizar la confidencialidad de la información de sus usuarios, solo tienes que pensar en lo que recientemente ha sucedido con Facebook, la red social más valiosa del mundo.
Por si no te has enterado, algo que dudamos sobremanera, hace unas semanas se produjo una filtración en la consultora Cambridge Analytica que desveló que los datos personales y supuestamente confidenciales de 87 millones de usuarios de la red social habían sido extraídos sin autorización alguna.
Y, por si fuese poco, no se utilizaron para crear estrategias comerciales para una marca o compañía determinada. Se emplearon para crear perfiles de personalidad extremadamente precisos con el propósito de pulir las estrategias y mejorar los resultados de la campaña de Donald Trump, sin duda, el presidente de los Estados Unidos más polémico y controvertido de la historia.
Mark Zuckerberg tuvo que comparecer y los desarrolladores de la plataforma no tardaron en bloquear ‘This is your digital life’, la aplicación de la red social mediante la que se captaron los datos de esos 87 millones de personas. ¿El resultado? Una bajada en bolsa que se tradujo en pérdidas por valor de 58 000 millones de dólares.

Esa cifra, hasta para una empresa que ha llegado a valer 190.280 millones de dólares, ha supuesto un duro golpe del que le está costando sobreponerse. Solo tienes que imaginar lo que un problema de similares características, aunque solo fuese desde una perspectiva conceptual y no cuantitativa, puede suponer para un pequeño o mediano comercio online.

Vivimos en el mundo del Big Data

No cabe duda de que lo acontecido con Facebook ha marcado un antes y un después en materia de seguridad online. Teniendo en cuenta que hay 87 millones de usuarios afectados en todo el mundo, es totalmente normal. Sin embargo, las consecuencias van mucho más allá de lo que cabría imaginar. Y es que, en un universo de ‘ecommerce’ en el que todo gira en torno al Big Data, devolver la confianza a los usuarios puede no ser sencillo.
Por Big Data se entiende el análisis y la gestión de volúmenes de información extremadamente altos, lo que impide que puedan procesarse de manera convencional. Para ello, emplea lo último en tecnología e infraestructuras y se aprovecha de cualquier dato valioso que pueda ser aportado mediante señales de telefonía móvil, mensajes en redes sociales, correos electrónicos, etc.
La finalidad del Big Data, en sí mismo, es ser una oportunidad de negocio ya que, a través del análisis de esos datos a los que hemos hecho referencia, es posible establecer estrategias enfocadas a perfiles de usuarios muy concretos, lo que se traduce, en términos de comercio electrónico, en la formulación de campañas con mensajes más certeros y en una mayor tasa de conversión.
Hoy en día, de una forma o de otra, prácticamente todas las empresas dedicadas al comercio online utilizan el Big Data. Y los usuarios cada vez son más conscientes de ello a la hora de verter sus datos personales en Internet. Evidentemente, la mayoría de estas compañías no tienen la capacidad de afectar a 87 millones de euros como Facebook, pero sí de generar un problema que justifique la fuerte inversión en materia de seguridad que se está realizando para aportar confianza y prevenir ataques.